"TERCER MILENIO", Periodico de la Escuela de Periodismo de la Univ. Mariano Egaña de La Serena-
Tito Arévalo:
“SOY UN ANIMAL DE LA RADIO”[size=2]
Por Erick Zambra Leyton. Estudiante de la Escuela de Periodismo. UME.
Todos los días a esos de las siete de la tarde, por una conocida radio emisora de La Serena, escuchamos palabras como: “Chiquillos míos” o “mis queridas potoquitas”. Es nada menos que Tito Arévalo, emblemático locutor de la capital en la década de los años `70 y `80 en la entonces conocida Radio Colo-Colo.
Con una larga trayectoria en las comunicaciones, desde vocero del Presidente Alessandri hasta actor de radioteatro, se ha dedicado por más de 53 años a la radiotelefonía, siempre acompañado de su tradicional xilófono, que toca cada vez que inicia una locución después de un disco al ritmo de gotan (tango).
Alberto Arévalo Valencia (Tito Arévalo), oriundo de San Felipe, nació en 1933. Sus padres fueron Abdón Arévalo Ramos, coronel de Ejército, y Margarita Rebeca Valencia. Sus primeros pasos por las aulas fueron en el Instituto de los Hermanos Maristas de San Felipe, donde manifiesta que sus primeras intenciones vocacionales se dirigieron al sacerdocio.
Casado dos veces, padre de 5 hijos, está radicado en la ciudad de La Serena desde 1992, donde ejerce como microempresario junto a su esposa, en una cadena regional de farmacias naturistas.
Al momento de preguntarle por su profesión nos comenta: “Me considero un animal, soy un animal de la radio y voy a morir con el micrófono frente a mí”.
¿Cuáles fueron sus primeros pasos laborales?
Mis primeros pasos fueron como actor de radioteatro en radio Minería; actué junto a las grandes estrellas de ese entonces que eran: Mirella Latorre y Emilio Gaete, también Guillermo Gana-Edwards. Mirella está viva, Guillermo está muy enfermo, tenía una voz muy linda y Emilio esta descansando en paz.
Sus inicios en la radio los hace en radio Cervantes en la época cuando era estudiante de Artes Plásticas en el Pedagógico de Santiago. “Como trabajaba y recibía unos pesitos, era el único que pagaba las onces a mis compañeros que siempre estaban planchados”, comenta alegremente. Pero su paso más decisivo fue por la radio Colo-Colo, donde marcó un estilo inolvidable.
¿Siendo un hombre tan importante en la radio, por qué no siguió en la televisión?
No entré a la televisión porque prácticamente la radio me absorbió totalmente, encontré la televisión muy fome ya que la primera vez que me llevaron donde Don Francisco –trabaje, sí, en Sábados Gigantes como empleado en el Departamento de Producción, me tenían para el barrido y el fregado- lo primero que me dijeron fue que por favor no vaya a decir potocas en el canal 13 en el programa de Don Francisco. Fíjense ustedes y ahora uno ve la televisión y los actores se sacan la madre.
¿Cuál fue el mejor momento de su vida en la radio que hoy quisiera recordar?
El mejor momento fue en el año 1980, el haber ganado el Laurel de Oro, el premio máximo que la farándula de ese entonces entregaba: al mejor locutor, al mejor animador, al mejor periodista, a la mejor vedette, al mejor cantante, al mejor compositor…ese premio fue creado por Guillermo Zurita, que en paz descanse, periodista de espectáculo del diario La Cuarta.
¿Qué amigos o colegas recuerda con cariño?
Siempre voy a recordar con mucho cariño, ya que somos como hermanos, a mi compadre Enrique Maluenda. Prácticamente yo le metí el bichito de la radio, porque estudiábamos juntos en el Liceo Manuel Barros Borgoño donde estaba todo el equipo del Jappening con Ja; ellos estaban en otros cursos más avanzados, eso quiere decir que eran más viejo que yo (sonríe).
¿Aparte de la radio qué otro rubro ha practicado?
Bueno soy naturista hace 25 años ya, mi esposa es irióloga y tenemos una tienda de naturismo, hierbas y productos naturales que se llaman Campo Lindo.
¿En qué momento decidió radicarse en la ciudad de La Serena y por qué?
Hay algo muy importante, el diablo me salió dos veces en Santiago: la primera vez, una pareja de lolos drogados me apuñalaron porque los sorprendí que me estaban abriendo el auto, que había comprado mi mujer, y en la puerta de la radio me acuchillaron. La segunda vez, fue con un grupo de extremistas y uno de ellos, un muchacho –debe haber tenido unos 18 años- me puso una 9 milímetros (revólver) en la cabeza; ellos pusieron una bomba en la radio. Y ya no quise más… preferí la paz y la tranquilidad de La Serena.
¿Cómo fue la acogida en esta ciudad?
En realidad del serenense no puedo decir que es tan comunicativo como el santiaguino, ya que en Santiago para las fiestas de Año Nuevo y Navidad, yo me dedicaba a visitar a mis vecinos con una bandeja con tragos, champagne, con helados…quise hacer lo mismo aquí en La Serena, en el barrio donde vivo, los vecinos no me dieron ni la hora. Así que me quedo con Coquimbo.
¿Qué opina sobre los medios de comunicación de hoy?
Los medios de comunicación de hoy están de acuerdo, precisamente a la globalización que ha afectado a todos; no sólo a los medios, sino al comercio, a la literatura, en fin a tantas cosas… Están más deslenguados, el ejemplo vino de afuera, sobre todo de nuestro hermanos argentinos. Y la televisión chilena los ha copiado mucho y también los ha copiado la radio, de ahí el éxito del Rumpi.
¿Qué figura le ha llamado más la atención en su vida y por que?
La figura que más me ha llamado la atención, en el aspecto radial, es el Maestro, Raúl Matas.
¿Alguien de su familia ha seguido sus pasos?
Sin lugar a dudas, porque ya estuvo en Televisión Nacional, en el Departamento de Computación mi hijo el menor, que ahora está estudiando Periodismo y que dejó la pega por los estudios. Dan ganas de pegarle un coscacho… (Sonríe emocionado).
¿Qué le pediría a Dios?
Morir tranquilo y ver a mi nieto más chiquitito Josué, ojalá lolito. Es lo único que pido.
Hacia el final de la entrevista el locutor sigue comunicando y nos dice: “Ya casi ha terminado mi programa y es como si recién hubiera llegado al locutorio a trabajar. Esto es realmente mi vida”.
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